Subcomandante Marcos .

Señales de diálogo abren la esperanza de paz en San Cristóbal

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Noviembre 4, 2000

San Cristóbal de las Casas.- La posibilidad de una reanudación del diálogo entre el Gobierno de México y la guerrilla zapatista devolvió la esperanza de paz a los habitantes de San Cristóbal de las Casas, donde en 1994 estalló el conflicto armado.

San Cristóbal, una tranquila ciudad colonial situada unos 1.100 kilómetros al sureste de la capital mexicana, se convirtió en enero de 1994 en centro de atención internacional, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ocupó sus calles.

Desde entonces, ha sido en varias ocasiones sede de algunas de las conversaciones entre el Gobierno y la guerrilla, rotas en 1996, y centro de reunión de simpatizantes zapatistas de todo el mundo.

Durante cerca de siete años de conflicto, los vecinos de San Cristóbal han soportado la presencia militar, las movilizaciones zapatistas y la tensión provocada por los enfrentamientos entre paramilitares y miembros del EZLN en comunidades próximas.

Por primera vez desde que estalló el conflicto, los habitantes de esta villa colonial pueden transitar por las carreteras de los alrededores sin la presencia de retenes militares, tras la orden del nuevo presidente de México, Vicente Fox, que el viernes mandó acuartelar a 1.500 efectivos encargados del control en los caminos.

"Fue muy placentero recorrer las carreteras sin retenes", dijo anoche el obispo Felipe Arizmendi, titular de la Diócesis de San Cristóbal desde el pasado enero, cuando sustituyó al polémico , Samuel Ruiz, que ejerció como mediador en el conflicto.

En su homilía vespertina del domingo, Arizmendi se mostró satisfecho por las señales de distensión mostradas por el nuevo Gobierno y por la decisión del EZLN de aceptar el diálogo con condiciones.

El líder del EZLN, el "subcomandante Marcos" indicó el sábado que está dispuesto a reanudar el diálogo si el gobierno de Fox retira al Ejército de siete puntos de la zona de conflicto, libera a los presos zapatistas y aprueba una ley sobre derechos indígenas.

Para Francisco, un joven empleado mestizo de un comercio en San Cristóbal, la retirada de los militares de las carreteras constituye una buena noticia pero puede hacer que se incremente la delincuencia en la zona.

La posibilidad de paz que se abre en Chiapas no parece afectar demasiado a las decenas de mujeres indígenas que cada día acuden a las puertas de la Iglesia de Santo Domingo para vender artesanías y figuras de "Marcos" y los comandantes zapatistas a los numerosos turistas que acuden a la ciudad durante todo el año.

"¿El Ejército se fue? No sé", fue el comentario de Otilia, una indígena chamula que vende manteles hechos a mano, cuando se le preguntó sobre la nueva situación.

En el mercado de alimentos de San Cristóbal, donde cada día se dan cita miles de indígenas de las comunidades próximas, la actividad se desarrolló con normalidad durante el fin de semana. Muchos de los comerciantes se felicitaron por la desaparición de los retenes, que hasta el viernes les hacían perder mucho tiempo en las carreteras. EFE.

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